La enfermedad de Alzheimer (EA) es una enfermedad neurodegenerativa progresiva, que se manifiesta con deterioro cognitivo y de memoria a corto plazo, además de síntomas neuropsiquiátricos y cambios de comportamiento que se vuelven más severos con el tiempo.
Los costos de AD son preocupantes, ya que se espera que la prevalencia de AD aumente dramáticamente en los próximos años. Según la Organización Mundial de Salud, la enfermedad afecta en nuestros días a entre 24 y 37 millones de personas.
Actualmente, con las altas tasas de prevalencia, la atención se dirige a la prevención de la EA, y para el tratamiento principalmente mediante métodos no farmacológicos. Una forma de tratamiento de patologías neurológicas como la enfermedad de Alzheimer es la neuroestimulación一 un campo prometedor de neuroingeniería一, que utiliza impulsos eléctricos para modular la actividad de las neuronas. La técnica es hecha con estimulación cerebral profunda (DBS), con electrodos (invasivos) implantados en regiones profundas del cerebro, que pueden ayudar en el tratamiento para retrasar la pérdida gradual de memoria en pacientes con Alzheimer. Además, otra posibilidad de tratamiento adyuvante (no farmacológico) en la enfermedad de Alzheimer es el ejercicio físico.
Una investigación con Plasticidad cerebral dedicada al ejercicio y la cognición, investigó a 23 personas mayores, normales cognitivamente con o riesgo genético de Alzheimer (antecedentes familiares). Todos los pacientes incluidos en la muestra presentaron un estilo de vida sedentario y se sometieron a una serie de evaluaciones, incluidas pruebas de aptitud cardiorrespiratoria, medición de la actividad física diaria, imágenes del metabolismo de la glucosa en el cerebro (tomografía por emisión de positrones -FDG) y pruebas de la función cognitiva.
Los participantes que mantuvieron un nivel habitual de ejercicio físico (programa de entrenamiento de intensidad moderada, tres veces por semana, durante 26 semanas), mejoraron su estado físico cardiorrespiratorio, pasaron menos tiempo sedentario después de que finalizó el programa de entrenamiento y obtuvieron mejores resultados en las pruebas cognitivas del funcionamiento ejecutivo. La mejora en la aptitud cardiorrespiratoria de los participantes se asoció con un aumento del metabolismo de la glucosa en el cerebro en la corteza cingulada posterior (CCP), un área del cerebro vinculada al Alzheimer.
Los resultados de esta intervención se asociaron con mayor metabolismo de la glucosa en el cerebro en la corteza cingulada posterior y la cognición entre individuos de mediana edad y con riesgo de EA.
Este importante hallazgo ciertamente contribuirá a comprender más sobre la enfermedad de Alzheimer. Así como los adultos con riesgo de EA pueden mejorar la función cerebral y cognición con participación regular en programas de entrenamiento físico, nuevas estrategias terapéuticas y de diagnóstico, así como ofrecer nuevas esperanzas para la población que padece o quien está predispuesto esta patología.

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